Por qué hago lo que hago

Es de lo más común suponer los motivos por los que la gente actúa. Incluso suponemos el por qué de nuestros propios actos para luego ir más profundo y descubrir que lo que nos motivaba era otra cosa. Esas proyecciones son una estrategia de simplificación del mundo, que muchas veces nos deja con una comprensión distorsionada y superficial de las personas y los acontecimientos.

Por ello es que te daré una mano para que evites suponer mis motivaciones e interpretar mis actos.

 

La antigua motivación de mi personalidad

Como todos -en algún momento- experimenté diversos cambios en mi modo de significar la vida y mis propósitos. Nací con una consciencia y mente reflexiva. Mientras jugaba en el arenero con los demás niños o con mis juguetes, tenia una comprensión de la vida que trascendía la tercera dimensión. Pensaba en la permanencia del alma y la imperdurabilidad del cuerpo. “Todos venimos del mas allá -pensaba- a vivir, a aprender, a enseñarnos y luego nos vamos para seguir viviendo. Yo no soy de este planeta, tengo una nueva familia ahora, pero extraño a la otra. Se que no estamos solos y que he venido a ayudar al planeta por que así lo elegí.”

Unos añitos más tarde comencé a familiarizarme con conceptos como “misión”, “plan cósmico”, “confederación galáctica”, etc. De modo que a los 9 años ya pensaba firmemente en mi misión, en la responsabilidad que tenemos en cumplirla y tal vez los que no la recuerdan no son culpables de tomárselo a la ligera, pero yo que soy consciente no podía dedicar mi vida a otra cosa.

El tomarme esos asuntos tan en serio, siendo aún un niño me dificultaron la apertura a ciertas experiencias de un “humano normal”. Directamente habían muchas cosas que me llamaban la atención, pero no lograba sentir y otras ni siquiera me interesaban. En la adolescencia dejé la escuela, me alejé de la sociedad y durante dos años me dediqué a meditar, reflexionar, escribir y al arte en general. Al finalizar mi retiro me fui de casa, casi sin saber a dónde, cómo o por cuanto tiempo. Simplemente había algo que me guiaba, una convicción firme en que tenía una misión por cumplir que el mundo en general no entendería. Pero en ese viaje comencé a encontrarme con jóvenes como yo. Y con eso quiero decir que tenían una forma similar de observar el mundo y pensaban en sus misiones y su compromiso por ayudar al prójimo y el planeta mismo.

El sentido de mi vida era simplemente cumplir esa misión. No daré detalles, pero yo tenia una idea y ciertas imágenes sobre cuál y cómo era. Y esa creencia ferviente me brindaba una convicción, decisión y firmeza sorprendentes, que hacían trascender cualquier aparente dificultad o barrera.
Todo marchaba perfecto. Pero no importa que tan acertado y “despierto” te creas. La verdadera toma de consciencia nos lleva a descubrir cosas ocultas de la realidad que pueden modificar la visión del mundo que creíamos definitiva.
La meditación y mi sagacidad intelectual me hacían profundizar cada vez más en cada cosa, poder abstraerme de mi propia identidad y observar la vida desde diferentes perspectivas. Allí comenzó sigilosamente esa trasvolución interna. Ciertas observaciones y sobre todo ciertas preguntas comenzaron a tomar relevancia, acumulando potencial energético. Allí permanecieron, ocultas como la pólvora, hasta que una serie de experiencias encendieron la chispa que detonó la estructura de mi mente.

Me sumergí hasta el “fondo” de mi inconsciente y el inconsciente colectivo de la humanidad y me atreví a cuestionar las creencias basales de mi personalidad y las de todas las personas que se consideraban “despiertas” y “conscientes”, aquellas creencias sobre las cuales había erigido mi vida y se sostenían grandes movimientos sociales. Se desnudaron ante mi y descubrí que no eran tan sólidas como las había visto hasta ahora. Comencé a descubrir todas las incongruencias y en ese momento trágico que nuestro ego teme enfrentar, tuve que admitir que nada sabia de la vida, que todo lo que ayer era noble, real y trascendental, hoy eran solo falacias, ilusiones hermosas y bien montadas a las cuales les había llegado su hora. Tuve que admitir que ya no sabia quien era. La existencia no tenia el más mínimo sentido, ni pretendía que lo tuviera.

 

La nueva motivación de mi personalidad

Así durante algunas semanas mantuve mis signos vitales, sin buscar explicaciones, pues sabia que todas las explicaciones que existen son inventos de nosotros mismos. No creía firmemente en nada. No me sentía mal, ni bien. Ni triste ni contento. Ni satisfecho ni insatisfecho. Simplemente todo me daba igual. No tenia razón para vivir, pero tampoco para morir. Todo se veía demasiado claro desde ese estado de cese de los deseos y búsquedas.

Esas semanas experimenté una especie de “vacío”. Mi personalidad se había vaciado de todo aquello que creía ser y las directrices invisibles que la movilizaban. Un proceso que la mayoría de las escuelas iniciáticas describen en su filosofía.

Hasta que en algún momento, mientras caminaba por la calle, algo comenzó a aflorar de mi-de todo o de alguna parte. No era mi mente, no era un recuerdo, no era una persona, no era una canalización, un ser ni un sueño. Simplemente digamos que fue algo que comenzó a emerger y a expresarse. Algo que indudablemente demostraba un nivel de consciencia mucho mas expandido que el de mi personalidad humana. Y comenzó a transmitirme algo. Una comprensión que mi mente empezó a traducir en palabras, aunque en mi interior no habían palabras. Y entonces empecé a escribir sin saber cual seria el resultado de eso. Y a medida que las palabras se revelaban, mi conciencia-mente-alma iba encontrando paz.
Ese día sobre el papel se manifestó un mensaje, de alguna parte de lo que soy, hablándole a esta parte que llaman Khalil. Y el significado de ese mensaje fue como un canto en el silencio, como una luz en la oscuridad, como un soplo de vida después de la muerte.
Al despertar, observé el amanecer en un estado de profunda conexión con la totalidad. Mi percepción estaba expandida como nunca antes. Podía sentir cada cosa a mi alrededor y la vida del Universo siendo parte de mí. Dejé de ver el amanecer. En ese momento yo era ese amanecer. Algo nuevo y diferente amanecía en mí.
En ese momento todo recobró sentido. Diferente al que tenía antes. Mucho más simple. Sin vueltas, sin teorías, sin pasado ni futuro. En el silencio del amanecer encontré un sentido de vivir.

Hoy en día no pienso en ningún plan, en ninguna misión. No creo tener ningún deber ni responsabilidad más que los que yo mismo me imponga. No quiero cambiar a nadie ni a nada. No creo que nadie necesite ayuda ni que yo pueda ayudar a nadie. No necesito que me salven ni debo salvar nada.
El sentido de mi vida es ser y vivir. Ya lo estoy haciendo, así que no busco nada más. El por qué vivo no lo se, ni me interesa. Solo nuestra mente humana inventa el por qué de las cosas para mantenerse ocupada. Si me preguntan para qué vivo, digo que vivo para disfrutar. ¿Cómo?: disfruto de muchas maneras. Disfruto haciendo cosas y también disfruto no haciéndolas. El disfrute es un nivel de consciencia interior que a veces acompaño con actividades externas.
Y no me refiero a un disfrute relacionado con la satisfacción física, producto de la estimulación eléctrica en el cerebro y la liberación de hormonas. Me refiero a un disfrute que aflora de la coherencia integral y saludable entre la psique, las emociones y el físico.

 

De “niño sabelo todo” a “adulto nihilista” a…

Desde niño conozco todo lo relevante que se puede saber sobre ETs, conspiraciones, reencarnación, ángeles, civilizaciones perdidas, los orígenes de la humanidad, parapsicología, etc. ¿Qué estabas haciendo tú a los 10 años?. A los 10 años yo ya había leído decenas de libros sobre esos temas y había tenido mis propias experiencias de todo tipo. A los 16 muchos adultos se reunían y me escuchaban hablar de ello. Los más jóvenes después de mí tenían 30-35 años. Hoy en día muchos me preguntan por qué no hablo de esas cosas…pues mira, lo diré de este modo: prefiero invertir mi energía en cosas prácticas y efectivas que estén al alcance de toda la sociedad. Lamentablemente estos interesantes tópicos se han convertido, en muchos casos, en el “cotilleo espiritual” de nuestros días. No se trata de qué tan interesante sea hablar de eso, sino qué tan útil es para nuestros propósitos diarios. Y en la mayoría de nuestros casos, no tienen ninguna utilidad.

Con lo que digo no pretendo aconsejar a nadie sobre lo que debe o no debe hacer, ni cómo debe o no debe vivir. Tan solo explico desde un paradigma coherente y eficiente, cómo funcionan las cosas. Lo que cada uno haga con esa información, a mí no me concierne. Úsenla como puedan o quieran.

Pienso que la vida no tiene más sentido que el que nosotros le damos. Algunos dicen que la vida es sufrimiento, que es una lucha, que es sacrificio, que es responsabilidad, que es un paraíso, que es una cárcel, que es…un plan cósmico…etc.
Esas versiones ya no sobreviven a mis reflexiones, así que elijo que la vida sea un juego. Un juego que sirve para divertirse. Vivo para divertirme y disfrutar. Me di cuenta que es más fácil y profundo disfrutar cuando otros disfrutan conmigo. Así que a veces hago cosas que generan disfrute múltiple. Eso a lo que le llaman ayudar, servir, colaborar, enseñar, etc. Pero no se confundan, mi intención no es brindar nada, tan solo soy yo mismo. Lo demás viene por añadidura. Me veo a mí mismo como un árbol que comparte sus frutos porque es su naturaleza, no porque tiene un plan de caridad.
Si alguna vez te brindo algo, ni siquiera espero que me agradezcas. Es agradable a veces que la gente agradezca, pero no olvides que no lo hago especialmente por ti. Soy yo el principal beneficiado de poder compartir lo que disfruta. En todo caso lo hago por nosotros.

No me considero espiritual, intelectual, erudito, sabio, ni amoroso. Esos son conceptos vagos que cada cual entiende a su manera. Prefiero que no me incluyas en ellos para evitar confusiones.

Como estoy jugando, puedo adoptar distintos caminos, modos, formas, estilos, etc. Mas no me aferro a ninguno. Puedo hacer cosas que parecen totalmente diferentes e incluso contradictorias para los que no ven la conexión. Quien camina distraído solo ve ramas apuntando en diferentes direcciones, pero el que presta atención, ve que todas comparten la misma raíz. Mi personalidad es flexible. Se ha transformado sorprendentemente desde el día en que nací y lo sigue haciendo cada día. Así es todo lo que en la naturaleza está vivo. Si crees que conoces un sendero en el bosque, vuelve a visitarlo dentro de un año y no lo reconocerás. Por eso no piensen que me conocen. Solo verán lo que puedan y quieran ver. Cada uno solo podrá ver en mí lo que sus sesgos cognitivos le permitan. Lo que veas en mí no es lo que soy. Cuando termines que querer describirme, mi expresión ya habrá cambiado.

Elegiré las experiencias que sean más propicias para el disfrute múltiple. En general serán juegos ecológicos, por que así disfruto más, pero tal vez algunos no lo sean por mi grado de ignorancia. Tal vez un día sea conferencista, otro seré actor de cine, escritor, empresario, cocinero… Un día jugaré a ser una figura publica y sociable y al otro seré un ermitaño, tal vez un monje, un mago, etc. Un día bailaré y haré bromas y al rato me verás serio e incluso puedo jugar a que estoy enojado.

Respeto que para otros la vida no sea un juego y no pretendo convencerte de nada. Solo ten en cuenta que yo vivo la existencia de ese modo y si te acercas a mí tomándote esta experiencia física demasiado en serio, probablemente viviremos realidades diferentes y desencontradas. Juego en mi vida, no con la vida de las personas, las cuales respeto y me parecen muy valiosas. Eso para mi es ser y dejar ser.

No me sigas, pues lo más probable es que cambie de dirección en cualquier momento y no lo comprendas. Si algo no me gusta de una situación, asumo la responsabilidad sin culpar a nadie. Te acepto como eres. No te odiaré por nada que puedas hacer, pero probablemente algunas cosas no sean compatibles conmigo y en ese caso elegiré no las compartirlas. Yo me hago cargo de mis sentimientos, y te propongo que tú te hagas responsable de los tuyos.

No me siento en la obligación de mantener un sistema de creencias o línea ideológica. La realidad no es como es, es como somos. Si somos cambiantes e innovadores es esperable que nuestras creencias también lo sean. El conocimiento y las creencias, para mi, solo son útiles en función a un propósito. Estoy abierto a todo lo que es o puede ser. Si el propósito lo requiere, mi manera de ver el mundo cambiará. Eso me da mucha flexibilidad que las “mentes rígidas” no suelen comprender. Se como programar mi mente y mi realidad. Por ende, la información que transmito puede variar ante un nivel mayor de coherencia. Puedo programarme para creer lo que quiera y de ese modo acceder a realidades nuevas. No concibo realidades validas o invalidas, correctas o incorrectas, mejores o peores de por sí. Si algo es mejor o peor, correcto o incorrecto, beneficioso o no, dependerá del propósito en cuestión. Solo trataré de ser claro y respetuoso en mi camino, para que todos podamos disfrutar lo más posible mientras compartimos. Y si en algún punto no lo hiciera, aprenderé de ello con humildad.

Gracias por leer. Espero que a partir de ahora evites relacionarme con tus conceptos preconcebidos que no tienen nada que ver con mi experiencia. Te sugiero que aprendas de lo que ves en mí, pues seguramente es un reflejo en lo que hay en ti mism@.

Khalil.
09/01/14

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