La gran telaraña cósmica

 

Tal vez no me conozcas, tal vez no sepas quien soy. Tu y yo siempre hemos sido íntimos en secreto. Cada cosa que he hecho en mi vida ha influenciando sutilmente tu camino. De hecho cada pensamiento que emerge de mi mente, inevitablemente se hace parte de ti. Tal vez no conozco tu nombre, pero en el fondo, ahí donde no llegan las palabras, se quién eres. Tal vez no conozca tu historia, pero nada en tu camino me es ajeno. ¿Que cómo es posible?…bueno, déjame contarte una historia…

Dice la historia que cada cierto tiempo nacen en la tierra ciertos seres. Estas almas nacen en diferentes lugares del mundo, bajo diferentes culturas, usan diferentes idiomas y sus gustos difieren unos de otros. Pero hay algo en común entre ellos. Cada uno es una pieza de un enorme juego y aún sin saberlo, hay un propósito mayor que los conecta a todos ellos, como una gran telaraña cósmica, cuyos hilos permanecen invisibles durante mucho, mucho tiempo.

Al ir creciendo, cada uno comienza a desarrollar y compartir sus habilidades distintivas, los dones naturales que todos tenemos. De pronto comienzan a darse cuenta de que su manera de ser es un tanto diferente a la mayoría de las personas. Comienzan a tener pensamientos que contradicen la visión ordinaria del mundo. Incluso en muchos casos llegan a cuestionarse si lo que ellos pueden ver, escuchar y sentir en su interior no son solo meras fantasías, locuras, excentricidades sin importancia. Pero déjame decirte algo…después de ciertas dudas y resistencias, ellos siguen adelante y se animan a ser ellos mismos, aún ante todo pronóstico en contra. Y ahí es cuando comienza la magia. ¿Que cómo lo se?…ya verás, solo escucha.

Un tal Drunvalo Melquisedek apareció un día y comenzó a contar antiguas historias a la gente. Esas historias relataban cómo Dios generó el universo a partir de determinadas figuras geométricas básicas. Dichas formas se conocen como “geometría sagrada”.

Pues bien un tal Albert Einstein había postulado décadas atrás, que el espacio y el tiempo no son dos cosas separadas, sino que forman parte de un mismo continuo. Einstein además pensaba que todos los campos de fuerzas que generan el funcionamiento del universo estaban unificados y que el gran todo era una unidad indivisible y armónica. Sin embargo en vida no logró explicar cómo esto sería posible y de hecho murió una tarde de otoño con esa pregunta en su mente, esa pregunta que se hacen todos los buscadores de la verdad en algún momento: ¿algo de lo que he dicho tiene el más mínimo sentido, o han sido solo hipótesis descabelladas en la mente de un viejo loco?. Pues esa respuesta vivía secretamente en el corazón de un joven esquiador indo-americano. ¿Qué? ¿Cómo es eso?.

Pues si, su nombre es Nassim, Nassim Haramein. Nació y vivió como cualquier otra persona. Enseñaba esquí durante el invierno y buceo durante el verano. En apariencia nada tenía que ver su existencia con un investigador esotérico ni un físico de cabello despeinado. Hasta que un día comenzó a observar la naturaleza y formularse preguntas sobre ella. Cada pequeña pregunta conducía a una cada vez más grande. Se dio cuenta de que no podía comprender la vida simplemente estudiando sus partes, sino que el universo es un todo indivisible. Intuitivamente estaba siguiendo la posibilidad de un campo unificado planteada por Einstein. Descubrió que la única manera en que las partículas -y cada parte del universo- pudieran existir en armonía, era ordenándose bajo ciertos patrones geométricos equilibrados y simétricos. Si, exacto eso mismo a lo que llamamos geometría sagrada. Y utilizando los conocimientos de la geometría sagrada, Nassim pudo explicar cómo es que todos los campos de la vida existentes, están interrelacionados e integrados bajo un mismo campo unificado. Exacto, por una serie de coincidencias no lineales ni locales, Drunvalo, Einstein y Nassim estaban aportando una pieza para cambiar la visión del mundo.

Y eso no es todo. Paralelamente un físico cuántico llamado David Bohm, el neurólogo Carl Pribram y el biólogo Rupert Sheldrake, habían postulado, cada uno por su lado y sin conocerse mutuamente, teorías referidas a sus respectivos campos de investigación, que postulaban ya la existencia de un orden armónico, dinámico y fractal que genera y unifica todas las cosas. Este último descubrió a través de decenas de experimentos, que todo el conocimiento, las ideas y capacidades que desarrolle un individuo, quedan automáticamente disponibles para ser pensadas y utilizadas por el resto de su especie, aunque no haya ninguna conexión local entre ellos.

Si, seis sujetos comunes, investigadores independientes que llegan a la misma conclusión sin conocerse. Cada uno aporta dentro de su campo especifico un análisis complementario sobre la misma verdad.

Y eso no es todo. Durante el mismo período seres como Richard Bandler, Bert Hellinger, Bruce Lipton y Ryke Hamer demuestran la interconexión existente entre todos los planos del ser humano y sus efectos directos en la materia.

¿Qué es lo que guió a cada uno de estos seres a construir el mismo sistema de pensamiento de manera tan armónica y complementaria cuando ninguno sabia del otro y solo se valían de su propia guía e intuición interna, que iba en contra de las creencias y paradigmas imperantes?.

Pues la respuesta se encuentra implícita en el mismo descubrimiento que hicieron. Todos ellos estaban conectados por la telaraña cósmica, el campo invisible que unificó sus caminos. En apariencia nada sabían el uno del otro, más en el fondo lo sabían todo. Cada uno estuvo donde necesitaban estar, haciendo lo que necesitaban hacer, para lograr lo que necesitaban lograr. Aportar cada uno una pieza necesaria dentro del gran puzle.

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Estructura de telaraña      - Geometría del espacio-tiempo

 

Según la tradición del pueblo Hopi, el creador del Universo, creó a SOTUKNANG, una gran araña que sería la madre del mundo. Ella comenzó a generar todas las cosas. Envió a sus dos hijos por el mundo. A uno le encomendó aportar el orden a la creación y al otro la vibración. Así ellos viajaron y a través del orden y la vibración conectaron todos los puntos de la tierra.


Del mismo modo, cada día,
miles de millones de personas en el mundo están vibrando complementariamente, como notas de una inmensa sinfonía. Cada vez que te animas a dar lo que tienes para aportar al mundo, estás construyendo un nuevo escalón en la historia de la evolución. Nada de lo que hagas se desperdicia. Todo lo que logres, influenciará a quienes vengan después, para ir más allá de lo que nunca habíamos ido. No importa que nadie te conozca o qué tan lejos estés, a través del gran campo unificado, cada uno de tus pasos, genera ecos en la eternidad.

Puedes conocer cómo fue mi conexión con las personas antes nombradas y decenas de descubrimientos asombrosos sobre la gran conexión entre los seres vivos, participando en mi conferencia “El Universo y la inteligencia colectiva”.

Khalil Bascary.

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